lunes, 17 de mayo de 2010

Carta rápida al Movimiento Popular

Dagoberto Gutiérrez

El anuncio del Movimiento Ciudadano para el Cambio, llega en un buen momento para el movimiento popular y en mal momento para este mismo movimiento. Tal como ha sido presentado, resulta ser el Movimiento Amigos de Mauricio convertido en movimiento ciudadano, más extenso que el de los Amigos de Mauricio, y apoyando a un gobierno, a un presidente, a una política oligárquica, y ya no a un candidato presidencial.

El momento de esta presentación resulta tenso y no afortunado porque, y para empezar, los Amigos de Mauricio prácticamente no existen, y este movimiento fue desapareciendo una vez instalado el gobierno, en junio del año pasado. A tal grado se desdibujó que ahora se trata de recoger y pegar, como en un rompecabezas, los pedazos dispersos. Desde luego que se trata de pedir apoyo para un gobierno de derechas y para un presidente de derechas que han perdido el leve barniz de izquierda cultivado durante la campaña electoral. Y ha perdido, sobre todo, el encantamiento ejercido por la figura del cambio en sus miles de votantes.

Así las cosas, resulta lógica la afirmación del Presidente Funes en el sentido de que lo que se busca es apoyo para que su gobierno mantenga el rumbo actual y, como este rumbo es pro mercado, pro neoliberal, pro Washington, resulta claro que los que apoyan este rumbo no provienen de la mayoría de votantes del año pasado, sino de los que en ese momento se oponían.

Para el movimiento popular, que vacila con miedo a la independencia y a la libertad, con miedo a contar con su propia línea política, el anuncio de este movimiento resulta ser un apoyo inesperado para el esclarecimiento del mapa político y la precisión de los caminos que cruzan el terreno.

El gobierno, siendo de derechas, necesita, sin embargo, que el pueblo lo mire como de izquierdas, algo así como el lobo y la caperucita roja, porque pareciendo un gobierno de izquierdas a los ojos de la gente que sufre un gobierno de derechas, este gobierno obtiene ventajas porque aspira a ser apoyado por los oligarcas, los de arriba, y también por los pobres, los de abajo, y eso solo se logra trabajando para los de arriba y engañando a los de abajo.

El Movimiento Ciudadano nace para construir las alianzas necesarias con las derechas necesarias pero también para contar con sus propios recursos partidarios en los órganos de gobierno. Todo este movimiento era afortunado en los primeros días de junio del año pasado; en estos momentos, la presentación en Apaneca forzará al partido FMLN a pasar definitivamente a la oposición.

En verdad, esta es la posición real de este partido que ganando una votación presidencial pierde, al mismo tiempo, la presidencia y el gobierno superviniente. Sin tener confrontación ideológica alguna con el gobierno Funes, es decir, sin estar a la izquierda de la derecha, y disputando nada más el manejo del aparato gubernamental y no el rumbo, el rompimiento entre el grupo de Funes y el FMLN se produce tempranamente.

Pero este partido, que renunció a decirle la verdad al pueblo, reconociendo su desorientación y su error infantil de creer que el candidato Funes era un infante manejable, no ha tenido más alternativa que actuar como partido de oposición, aunque niegue todos los días el diferendo con el Presidente. Esta situación de ciencia ficción ha llegado, con la presentación de este movimiento, a un punto límite, en donde reinará el ridículo pleno y total para este partido, a menos que defina su posición.

El Movimiento Ciudadano nace, pues, creándose así mismo una oposición y navegando en aguas inciertas para sus apoyos porque un gobierno antipopular necesita popularidad, y para eso se necesitan recursos que el actual gobierno no tiene, porque, si como dice Maquiavelo, “gobernar es hacer creer”, a estas alturas resulta muy difícil que alguien de abajo crea que el actual gobierno es su gobierno. Es cierto que algunos sectores beneficiados por algunas medidas podrán pensar eso pero solo en el marco de un beneficio directo recibido, que se agota en el océano de la realidad toda.

En ningún momento como este, las cartas habían estado tan claras y la mesa política tan distribuida, y el movimiento popular está en el momento de tomar decisiones.

Es probable que algunos sectores decidan apoyar al actual gobierno, ya sea en las comisiones existentes o en el movimiento ciudadano. Esto es esperable porque la lucha social nunca es químicamente pura, ni enfrenta a buenos contra malos, ni a fuertes contra débiles, ni a ricos contra pobres, de una manera simple y elemental. Esto fuera posible si no existiera la lucha ideológica.

Y, hoy por hoy, la lucha de las ideas se ha convertido en el componente esencial de la coyuntura, y el movimiento popular está situado en el escenario que ha resultado de la derrota electoral de ARENA de marzo del año pasado, del control político, económico e ideológico de las derechas, de la crisis total y avasallante de la economía neoliberal, de la descomposición de la sociedad, de la mayor angustia e incertidumbre de los seres humanos y, adentro de todo esto, de la necesidad impostergable de construir y ejercer una política independiente que conjugue los intereses de la gente con los intereses del pueblo, es decir, de los seres humanos y de los actores políticos.

Tomado de CoLatino

Homenaje a Roque Dalton, a Xibalbá y a los poetas desaparecidos

Miembros de Fundación Metáfora en la gran inauguración del 7° Encuentro Internacional de Poetas «El Turno del Ofendido». Foto Diario Co Latino/Melvin Rivas

Iván Escobar
Redacción
Diario Co Latino

Los llamativos afiches con los rostros de los poetas asesinados y desaparecidos durante el conflicto armado Roque Dalton, Arquímides Cruz, Leyla Patricia Quintana, Amílcar Colocho, Claudia María Jovel y Rafael Herrera, llamaron la atención a la entrada del Teatro Nacional.

El calor de la tarde, el bullicio de la ciudad se disolvió la tarde del sábado pasado, cuando arrancó oficialmente el 7º Encuentro Internacional de Poetas “El turno del ofendido”, organizado por la Fundación Metáfora. La séptima edición de este encuentro, según sus organizadores, tiene una característica importante, porque además de celebrar el 25° aniversario de fundación del Taller Literario Xibalbá, se conmemora el 35° Aniversario del asesinato del poeta Roque Dalton, ocurrido el 10 de mayo de 1975 y además, el 75 aniversario de su natalicio el pasado 14 de mayo.

El escenario de la gran sala del Teatro Nacional, fue la antesala del encuentro que reúne a poetas como: Miguel Barnet, de Cuba; Enrique Delgadillo, de Nicaragua; Héctor Hernández Montecinos, de Chile; Irving Cordero, de Nicaragua; Jotamario Arbeláez, de Colombia; Juano Villafañe, de Argentina; Luis Manuel Pérez Boitel, de Cuba; Mateo Morrison, de República Dominicana; Níger García Madrigal, de México, Samuel Trigueros, de Honduras; y Magaly Incer, de Nicaragua.


“A más oscuridad más poesía”, es el lema de este encuentro de poetas que además reúne a escritores nacionales y fundadores del Taller Literario Xibalbá y miembros de Metáfora, como Otoniel Guevara, Vladimir Baiza, David Juárez, Edgar Alfaro, entre otros.

“Esta es una de las batallas que se logran ganar con el corazón. Es una batalla contra esta enorme oscuridad”, afirmó David Juárez, presidente de la Fundación Metáfora.

Mientras que Edgar Alfaro Chaverri, poeta salvadoreño, destacó la importancia de este encuentro que rememora dos hechos importantes en la vida literaria del país, como son la trayectoria del poeta Dalton y la fundación de uno de los talleres literarios más importantes del país, como es Xibalbá, que en esta oportunidad permite demostrar que “la poesía no la traíamos debajo del brazo, sino en nuestra sangre”, recordó el también cofundador de este taller. Y en cuanto a Roque afirmó que “nos enseñó que la poesía no está hecha solo de palabras…”.

Juan José Dalton, hijo del poeta Dalton, se mostró orgulloso por el homenaje hacia su padre, en momentos en que asegura han emprendido una lucha de amor por la memoria y la dignificación del poeta. El también periodista, aseguró que la lucha no se centra en la figura de Dalton, sino que tiene a la base impulsar una batalla en la cual nunca se vuelva a asesinar o desaparecer a ningún poeta en este país. “Nosotros queremos lavar esa mancha ingrata que está prevaleciendo en el gobierno de este país”, dijo en referencia a Jorge Meléndez, director de Protección Civil, involucrado en el asesinato de Dalton.

Por su parte, el poeta cubano Miguel Barnet, destacó la figura de Dalton, como un gran amigo, de quien aprendió muchas cosas. Por tal razón aseguró que “con este homenaje a los poetas salvadoreños, latinoamericanos y a Dalton, se demuestra una vez más que la poesía es eterna, no muere… los poetas no mueren”. “La revolución cubana no se puede interpretar sin la presencia de Roque Dalton. Roque es un hombre que conocía a fondo la ideología marxista, pero un marxismo no dogmático, creciente, renovado”, recordó. Con este encuentro los poetas organizadores también pretenden estrechar su contacto con las nuevas generaciones a fin de que éstas conozcan sus escritos, sus historias y su lucha literaria, por tratar de hacer de El Salvador un lugar más justo.

EN CUBA: UN CONGRESO CAMPESINO DIFERENTE

Jorge Gómez Barata

Con interés seguí los trabajos del Congreso de la Asociación de Agricultores Pequeños (ANAP), también llamado “Congreso Campesino”. El esfuerzo valió la pena porque escuché ideas novedosas y audaces, se ratificaron cosas que sabía y se perfilaron otras que intuía.

Un directivo campesino enfatizó: “…Los campesinos no fueron al Congreso a pedir tierras ni escuelas, no reclamaron médicos ni maestros, no demandaron carreteras ni caminos porque de todo eso tienen. Por su parte, una delegada reflexionó acerca de que: “Una CSC (Cooperativa de Créditos y Servicios) puede tener 15 fincas y cada finca es una empresa.” ¡Al fin alguien lo dijo! El Congreso campesino fue también una reunión de empresarios agrícolas.

Campesino es una categoría sociológica, parte de la estructura social y de clases existente en el campo cubano que, hasta la Revolución, estuvo formada, entre otros estratos por: hacendados, latifundistas, terratenientes, ganaderos, colonos, dueños de centrales azucareros (absentistas) y sus empleados de alto nivel que operaban y administraban las fábricas, trabajadores agrícolas, y en el último peldaño: los campesinos.

Los campesinos que en el pasado conocieron Fidel y Raúl Castro, padres y abuelos de los reunidos en el recién finalizado Congreso, y en beneficio de los cuales se dictó la Reforma Agraria de 1959, eran la última carta de la baraja, una condición miserable más cercana a la indigencia que a la gestión productiva. De ellos, según la encuesta realizada en 1957 por la Asociación Católica Universitaria (ACU) “…Sólo el 11,22% tomaba leche, el 4% comía carne, el 3,36%, consumía pan; el 2,2%, huevos y menos del 1%, pescados y apenas un 8 por ciento tenía acceso a la atención medica proporcionada por el Estado…”

Por un efecto que ha tardado 50 años en revelarse y que se abre paso debido a los reiterados reveces de la gestión agrícola estatal, al podar por arriba la estructura social en el campo, el campesino cooperativista, ascendió consistentemente, ocupando espacios económicos hasta desplazar al Estado del primer lugar por el volumen de la producción, los rendimientos de la tierra y por su capacidad para encajar las adversidades climáticas.

Con el cuarenta por ciento de la tierra, los propietarios cooperativistas crean el 70 por ciento de los valores. No conozco los datos acerca de con qué porcentaje de la maquinaria, el combustible, los fertilizantes y pesticidas, agua, transportes e ingenieros agrónomos y veterinarios lo hacen, aunque se puede suponer que son considerablemente menores de los que emplea el sector estatal.

Por los efectos combinados de las fallidas políticas agrarias de los ministerios de la Agricultura y del Azúcar, las adversidades climáticas, la crisis derivada de la caída del campo socialista, que resultó devastadora para la agricultura estatal cubana, no así para los campesinos, ha tenido lugar una mutación de la estructura social del campo que se matiza con la introducción de los llamados “usufructuarios”, muchos de ellos citadinos a los cuales se ha previsto entregar varios millones de hectáreas de tierras estatales ociosas, y que reforzaran el perfil empresarial en la campiña cubana.

Según las actuales tendencias, en poco tiempo, el Estado puede ser desplazado no sólo como primer productor en el campo sino como tenedor de tierras mayoritario y es difícil adelantar el impacto de un fenómeno así, de cara al llamado “Proceso de actualización del modelo económico cubano”.

De los trabajos del Congreso formaron parte temas relacionados con la comercialización de la producción de los campesinos, cosa que ellos saben hacer muy bien pero que monopoliza el Estado que es quien por poseer los transportes, el combustible y los centros de beneficio es quien contrata, compra y vende en la red minorista, gestión que, según se afirma realiza deficientemente.

Junto con la gestión comercial, los campesinos privilegiaron asuntos relacionados con las contrataciones, los precios, la disponibilidad de insumos, semillas, fertilizantes, pesticidas, agua, pies de cría y otros asuntos propios de una actividad definidamente empresarial que, por su perfil técnico lo mismo que en La Habana pudo haberse efectuado en cualquier otro lugar.

Por su parte el Ministro de Economía, sin asumir un tono crítico, reveló que estos “campesinos” emplean mano de obra asalariada en una cifra que llega a unos 100 000 trabajadores, a los cuales, según se comenta remuneran mejor que el Estado y por cuyo empleo los empresarios rurales de nuevo tipo, no pagan impuestos ni contraen obligaciones en materia de seguridad social.

Por sus temas y por sus resultados el Congreso de la Asociación de Agricultores Pequeños parece un magnifico ejercicio y una demostración de que el hecho de que la Revolución haya contado con una institución como la ANAP, sólidamente establecida y comprometida con su proyecto, ha permitido a la dirección política, monitorear y conducir eficazmente esos procesos.

El hecho de que estos “campesinos” trabajen directamente la tierra y suden la camisa, no desmiente su condición; eso mismo hace en todo el mundo millones de micro, pequeños y medianos empresarios. No obstante se puede asegurar que esas faenas serán menores en la medida en que se eleven sus lucros y dediquen más tiempo a la administración y el planeamiento y, junto a sus familias, disfruten más de su prosperidad.

Tal vez el Congreso de los campesinos (empresarios agrícolas cubanos) pueda ser asumido como una especie de ensayo general para, por vía del perfeccionamiento de la sociedad y de sus estructuras básicas, avanzar hacia una versión mejorada del socialismo en la cual la gestión mercantil y la iniciativa económica ciudadana, una variante optima de la participación, conviva con las grandes metas de justicia social y el colectivismo que entraña el ideal socialista.

La Habana, 17 de mayo de 2010

Cortina de albahaca

Silvio Rodríguez Domínguez

Rebelión

Foto de Virgilio Ponce

Texto remitido por el autor después de que El País ignorase su publicación

Este texto fue enviado al director de El País el 15 de mayo, a las 11:37 de la mañana, con petición de ser publicado. El periódico madrileño no lo tuvo en consideración

Un grupo de artistas y escritores españoles ha lanzado una plataforma para democratizar a Cuba. Y cuando un cubano opina diferente, decretan que sus argumentos son cortinas de humo de la dictadura que padece y lo comparan con los franquistas. Pero los dioses parecen haberles castigado. Porque, precisamente por haberse atrevido a investigar los crímenes del franquismo, el Consejo General del Poder Judicial acaba de suspender al juez Baltasar Garzón de la Audiencia Nacional de España. Esta sentencia es un golpe durísimo a una democracia desde la que se pretende juzgar o mandar a juzgar los supuestos defectos ajenos, pero ojo con quien toque a los propios.

El veto a Garzón, considerado un héroe, ocurre en el mismo país que hace pocos años dio al mundo una verdadera lección de democracia, al votar contra el partido gobernante que los metió en una guerra injusta, haciendo oídos sordos a enormes manifestaciones populares. Personalmente no me explico cómo estas personalidades han llegado a la conclusión de que la política hacia Cuba debe ser la del aislamiento y el bloqueo. Es como si desconocieran que hace medio siglo esa misma política no ha logrado mover ni un milímetro la determinación de la mayoría de los cubanos.

Por otra parte, los cubanos también queremos cambios, pero consensuados por nosotros. Esas transformaciones ocurrirán más temprano o más tarde y la única política capaz de acelerarlas es el fin del bloqueo. Todo lo que se nos haga con asedio y presiones no podremos considerarlo a nuestro favor, sino como un insulto a nuestra autodeterminación, una injerencia inadmisible en nuestras vidas. Tantas agresiones y amenazas nos han enseñado que la supervivencia pasa por una sociedad orgánica, íntegra, indivisible. Así hemos salido airosos de embates artificiales y naturales. Pero sabemos que somos el resultado de un apremio, por vivir acosados. No creemos en un gobierno centralizado para siempre. Más bien solemos verlo como un concepto de emergencia, un mal necesario que el camino de la emancipación nacional nos ha impuesto para sobrevivir. El fin del bloqueo nos despejará profundamente, creando condiciones para que avancemos también en el concepto democrático. Subrayo que no quiero decir que sólo sin el bloqueo seremos más democráticos, sino que estoy seguro de que así lo conseguiremos más pronto.

La flamante plataforma propone aislar aún más a Cuba y agravar nuestra ya precaria economía. Pretende convencer al mundo de que la asfixia resolverá nuestros problemas. Su hipotético éxito significaría mucho más sufrimiento para nuestro pueblo, que lleva medio siglo enfrentando todo tipo de dificultades. Nuestra larga experiencia en “propuestas” foráneas nos dice que esta acción no es más que un nuevo artilugio para obligarnos a hacer lo que otros consideran que debemos hacer. Partiendo de que se trata de personas bien intencionadas, no sé cómo no entienden la ofensa de pretender que nos volvamos como ellos, con las reservas que despiertan esas democracias de banqueros ladrones y ejércitos ocupantes. Para colmo, cuando respondemos que no estamos de acuerdo, pretenden negarnos el derecho a que se nos escuche, porque todo lo que no razone como ellos ―dicen― viene contaminado de dictadura.

Capitaneados por un gran escritor peruano con un largo historial reaccionario, ciertos intelectuales españoles han decidido gastar más horas elucubrando cómo hacernos daño que investigando hasta qué punto viven en una democracia. Algunos parecen más preocupados por Orlando Zapata ―un hombre que tuvo el valor de escoger su propia muerte y enfrentarla―, que de los más de cien mil españoles asesinados en la era de Franco. Es triste ver lo poco que les interesa profundizar en la realidad cubana, cuando sus conclusiones son las mismas que las de los peores enemigos de nuestra dignidad. Por eso acabo admitiendo que esta página efectivamente es una cortina, no de humo pero sí de albahaca, contra la fetidez de su pretendida salvación.

¿Hasta cuándo?


Por Eduardo Galeano


Un país bombardea dos países. La impunidad podría resultar asombrosa si no fuera costumbre. Algunas tímidas protestas dicen que hubo errores. ¿Hasta cuándo los horrores se seguirán llamando errores?

Esta carnicería de civiles se desató a partir del secuestro de un soldado. ¿Hasta cuándo el secuestro de un soldado israelí podrá justificar el secuestro de la soberanía Palestina? ¿Hasta cuándo el secuestro de dos soldados israelíes podrá justificar el secuestro del Líbano entero?

La cacería de judíos fue, durante siglos, el deporte preferido de los europeos. En Auschwitz desembocó un antiguo río de espantos, que había atravesado toda Europa. ¿Hasta cuándo seguirán los palestinos y otros árabes pagando crímenes que no cometieron?

Hezbollá no existía cuando Israel arrasó el Líbano en sus invasiones anteriores. ¿Hasta cuándo nos seguiremos creyendo el cuento del agresor agredido, que practica el terrorismo porque tiene derecho a defenderse del terrorismo?

Iraq, Afganistán, Palestina, Líbano… ¿Hasta cuándo se podrá seguir exterminando países impunemente?

Las torturas de Abu Ghraib, que han despertado cierto malestar universal, no tienen nada de nuevo para nosotros, los latinoamericanos. Nuestros militares aprendieron esas técnicas de interrogatorio en la Escuela de las Américas, que ahora perdió el nombre pero no las mañas. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que la tortura se siga legitimando, como hizo la Corte Suprema de Israel, en nombre de la legítima defensa de la patria?

Israel ha desoído cuarenta y seis recomendaciones de la Asamblea General y de otros organismos de las Naciones Unidas. ¿Hasta cuándo el gobierno israelí seguirá ejerciendo el privilegio de ser sordo?

Las Naciones Unidas recomiendan pero no deciden. Cuando deciden, la Casa Blanca impide que decidan, porque tiene derecho de veto. La Casa Blanca ha vetado, en el Consejo de Seguridad, cuarenta resoluciones que condenaban a Israel. ¿Hasta cuándo las Naciones Unidas seguirán actuando como si fueran otro nombre de los EE.UU.?

Desde que los palestinos fueron desalojados de sus casas y despojados de sus tierras, mucha sangre ha corrido. ¿Hasta cuándo seguirá corriendo la sangre para que la fuerza justifique lo que el derecho niega?

La historia se repite, día tras día, año tras año, y un israelí muere por cada diez árabes que mueren. ¿Hasta cuándo seguirá valiendo diez veces más la vida de cada israelí?

En proporción a la población, los cincuenta mil civiles, en su mayoría mujeres y niños, muertos en Iraq, equivalen a ochocientos mil estadounidenses. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando, como si fuera costumbre, la matanza de iraquíes, en una guerra ciega que ha olvidado sus pretextos? ¿Hasta cuándo seguirá siendo normal que los vivos y los muertos sean de primera, segunda, tercera o cuarta categoría?

Irán está desarrollando la energía nuclear. ¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que eso basta para probar que un país es un peligro para la humanidad? A la llamada comunidad internacional no la angustia para nada el hecho de que Israel tenga doscientas cincuenta bombas atómicas, aunque es un país que vive al borde de un ataque de nervios. ¿Quién maneja el peligrosímetro universal? ¿Habrá sido Irán el país que arrojó las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki?

En la era de la globalización, el derecho de presión puede más que el derecho de expresión. Para justificar la ilegal ocupación de tierras palestinas, la guerra se llama paz. Los israelíes son patriotas y los palestinos son terroristas, y los terroristas siembran la alarma universal.

¿Hasta cuándo los medios de comunicación seguirán siendo miedos de comunicación?

Esta matanza de ahora, que no es la primera ni será, me temo, la última, ¿ocurre en silencio? ¿Está mudo el mundo? ¿Hasta cuándo seguirán sonando en campana de palo las voces de la indignación?

Estos bombardeos matan niños: más de un tercio de las víctimas, no menos de la mitad. Quienes se atreven a denunciarlo son acusados de antisemitismo. ¿Hasta cuándo seguiremos siendo antisemitas los críticos de los crímenes del terrorismo de estado? ¿Hasta cuándo aceptaremos esa extorsión? ¿Son antisemitas los judíos horrorizados por lo que se hace en su nombre? ¿Son antisemitas los árabes, tan semitas como los judíos? ¿Acaso no hay voces árabes que defienden la patria palestina y repudian el manicomio fundamentalista?

Los terroristas se parecen entre sí: los terroristas de estado, respetables hombres de gobierno, y los terroristas privados, que son locos sueltos o locos organizados desde los tiempos de la guerra fría contra el totalitarismo comunista. Y todos actúan en nombre de Dios, así se llame Dios o Alá o Jehová. ¿Hasta cuándo seguiremos ignorando que todos los terrorismos desprecian la vida humana y que todos se alimentan mutuamente? ¿No es evidente que en esta guerra entre Israel y Hezbollá son civiles, libaneses, palestinos, israelíes, quienes ponen los muertos? ¿No es evidente que las guerras de Afganistán y de Iraq y las invasiones de Gaza y del Líbano son incubadoras del odio, que fabrican fanáticos en serie?

Somos la única especie animal especializada en el exterminio mutuo. Destinamos dos mil quinientos millones de dólares, cada día, a los gastos militares. La miseria y la guerra son hijas del mismo papá: como algunos dioses crueles, come a los vivos y a los muertos. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que este mundo enamorado de la muerte es nuestro único mundo posible?

Artistas cubanos vienen y se van

Por Lorenzo Gonzalo

14 de Mayo del 2010 (Foto Virgilio PONCE)

Artistas de Cuba, viajan últimamente a Estados Unidos con más frecuencia. Lo más destacado no es que visiten ese país sino que regresan al suyo. La prensa encargada de desacreditar a Cuba, para servir los intereses de la política exterior estadounidense, apuestan siempre que el artista no regresará y de hecho, nunca destaca su regreso, que es lo que usualmente sucede. La prensa prefiere que se queden porque cuando esto sucede dejan la maligna insinuación en la noticia, que todos los artistas cubanos se quedan. Viajes de esta naturaleza son asumidos como cosa rutinaria y natural por personas de todas las nacionalidades, excepto cuando viven bajo la influencia de esas desinformaciones. Esto es lo que sucede con las personas que viven en Miami.

De hecho, los artistas cubanos han estado viajando con bastante frecuencia alrededor del mundo desde el derrumbe el Bloque Soviético. Incluso a Estados Unidos viajaron en los años noventa bajo disposiciones estadounidenses basadas en la política del intercambio cultural, claramente establecido en la letra de la llamada Ley Torricelli. Todas las medidas que se aprueban en Estados Unidos referentes a Cuba, tienen por base desestabilizar al Estado cubano. La Ley Torricelli fue aprobada con el criterio de que el intercambio cultural entre ambos países, eventualmente produciría un resquebrajamiento de los valores sociales básicos que hacen posible la permanencia de ese Estado. Ni un solo paso ha sido dado por Estados Unidos que no lleve implícito el derrocamiento del gobierno cubano.

Aunque los viajes artísticos de los años noventa a Estados Unidos no fueron muy voluminosos, las presentaciones de los artistas cubanos en Europa, América del Sur y el Caribe, aumentaron.

Con la llegada de Obama esa tendencia de viajar, de músicos, personas de la cultura y académicos, se ha incrementado. A pesar inclusive, de existir fuertes limitaciones establecidas por un conjunto de leyes draconianas, regulando las cantidades de dinero que cada cual puede llevarse a su regreso. O sea, técnicamente los artistas pueden cobrar pero no pueden llevarse el dinero consigo.

Ninguna de las disposiciones de Estados Unidos, relacionadas con Cuba, aun cuando muchas aparentan buscar un relajamiento de las relaciones, está exenta de trampas y limitaciones. En cincuenta años no se han dado pasos trasparentes por parte de Estados Unidos, orientados realmente a normalizar las relaciones de los dos países. En todos ellos, está implícito el capricho de un cambio de gobierno en la Isla, sin importar que tenga el grado de criminalidad de Sudán, el nepotismo del gobierno de Kuwait o los desmanes que se comenten en las Islas Marshall. La única salvedad para establecer relaciones es la presencia de partidos políticos, con autorización de que existan empresas privadas, sujetas a un mínimo de restricciones. En esto consiste la reclamación estadounidense al gobierno cubano sobre un supuesto respeto de los derechos humanos. Los demás derechos al parecer, quizás los consideren menos humanos, o al menos de menor importancia.

A pesar de todo esto, los artistas han incrementado sus viajes a Estados Unidos y luego se regresan como cualquier otro artista de cualquier otro país.

La prensa no destaca esta normalidad, en cambio, los acosan al llegar, con preguntas de contenido político, que a ningún otro hacen. Sobre todo no destacan el hecho de que muchos de esos artistas, tienen criterios divergentes del gobierno cubano. Esa misma prensa se pasa el tiempo señalando que no existe libertad de opinión en Cuba y diciendo que el gobierno reprime las opiniones contrarias a sus prácticas y prédicas. Cuando llegan a Estados Unidos y logran arrancarles alguno de estos criterios, los anuncian a bombo y platillo, como la gran noticia, sin destacar que la verdadera información es que regresan a la Isla, donde hacen la vida normal de cualquier otro ciudadano y donde nada les sucede, aun cuando continúan con sus criterios y hacen las mismas declaraciones a los medios.

Recientemente visitó Miami el cantoautor Carlos Varela. Al llegar lo primero que hicieron fue preguntarle por las Damas de Blanco y la muerte de Orlando Zapata, el preso cubano que decidió suicidarse por inanición.

El señor Varela dijo que estaba de acuerdo en que se les permitiera marchar a las señoras vestidas de blanco que reclaman la libertad de sus maridos en Cuba. Respecto a Zapata dijo que debía escucharse a cualquier persona que se declare en huelga de hambre por una causa. Son sus opiniones. Podríamos decir que pocos se opondrían a que determinados cónyuges reclamen la libertad de sus esposos, sin importar las razones por las cuales fueron condenados. Aunque en este caso, se trata de personas que se prestaron a aceptar ayudas del gobierno de Estados Unidos para realizar tareas contrarias al gobierno cubano. Este delito en toda Europa, en Estados Unidos y en la mayoría de los países se condena como traición o en el menor de los casos por servir como agente de un tercer país. Pero las esposas hacen bien en reclamar la reducción de las condenas de sus esposos y que sean puestos en libertad. Respecto a escuchar a un huelguista de hambre es más relativo, aunque esto no excluye que se le de determinada atención. Todo indica que Cuba se la dio.

Pero al margen del juego de opiniones que pueda existir alrededor de ambos temas, lo importante es que Varela es una persona con sus criterios y Cuba un país que, como el resto de los más avanzados políticamente, se los respeta y se los toma en cuenta. Así de simple. Pero no es con esa simpleza que la prensa actúa cuando se trata de Cuba.

En un acto de mayor responsabilidad, la prensa debería destacar esos aspectos. Precisamente se trata de informar y de contribuir a soluciones objetivas y factibles, dentro del marco de las diferencias políticas existentes entre Estados Unidos y Cuba. Para lograr esto la prensa debe desandar lo andado. Habría que preguntarse, si se atreverá en un futuro a realizar semejante recomposición. Es una pregunta. La respuesta está en manos de terceros. Últimamente hay destellos de objetivismo en este sentido. Sería bueno porque de esa manera se hace honor a la verdad.

*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en los EEUU y subdirector de Radio Miami (www.radio-miami.com)

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