miércoles, 12 de mayo de 2010

El último asesinato de un periodista en Cuba: ¿de dónde vino la orden?

Publicado en Cubadebate el 12 Mayo 2010

El “Cabo No. 24″ de la policía de Batista en La Habana, Orlando “Gallo Ronco” Marrero, ultimó a Carlos Bastidas en una operación coordinada por Pilar García bajo orientación del coronel Orlando Piedra, hombre de confianza de Batista, jefe del temible Buró de Investigaciones y principal interlocutor del FBI norteamericano en la Isla.

Por Jean-Guy Allard

De nacionalidad ecuatoriana, el joven periodista Carlos Bastidas, ya con 21 años había trabajado con la agencia norteamericana Associated Press, y cubierto sucesivamente los sucesos de Hungría de 1956 y el derrumbe de las dictaduras de Rojas Pinilla en Colombia y Pérez Jiménez en Venezuela.

La investigadora y periodista Aleida Godínez Soler reporta cómo, poco antes de viajar a Cuba, “conoció en Caracas al periodista argentino Jorge Ricardo Masetti” y como “los dos caen presos”. Fue el propio Masetti que logra alertar al Embajador ecuatoriano que “acude personalmente a sacar a Bastidas de la cárcel, donde permaneció más de 30 días”.

Unas semanas màs tarde, Bastidas se reunirá de nuevo con Masetti en Cuba, en territorio liberado de la Sierra Maestra donde se identificará como Atahualpa Recio - el inca rebelde - cuando colabora con la emisora de la guerrilla.

Se quedó varias semanas con las tropas revolucionarias y logró entrevistarse con su líder Fidel Castro, cuyos conceptos visionarios sobre el futuro de Cuba y de América descubría siempre con gran admiración.

Cuenta su biógrafo Juan Marrero (Andanzas de Atahualpa Recio, Pablo de la Torriente 2008) cómo Bastidas regresó a la capital cubana el domingo 11 de mayo, visitó el Colegio Provincial de Periodistas, acudió a la Embajada de Ecuador y se alojó en el Hotel Pasaje, en Centro Habana, con el propósito de seguir luego hacia Estados Unidos, después de un último contacto con miembros del Movimiento 26 de Julio.

Los hechos posteriores llevan a sospechar que Bastidas - que al salir de Venezuela intentó viajar a República Dominicana donde se le negó la entrada - se encontraba en la mira de la policía de Batista, en estrecho contacto con la inteligencia norteamericana, tal vez desde el mismo momento de su entrada al país.

Ese fatídico martes 13 de mayo de 1958, Bastidas se dirige al bar Cachet, calle Prado, entre las calles Neptuno y Virtudes, con el joven Luís Gómez Balado, hijo de la propietaria del hotel donde se alberga.

Reporteros de Radio Reloj contarán más tarde que monitoreaban la radio de la policía, como de costumbre, cuando oyeron un intercambio que confirma el nivel de atención del cual era objeto el periodista extranjero.

La comunicación radio se desarrolló entre el carro de patrulla número 35 del General Pilar García, connotado asesino del régimen, y el vehiculo del Cabo número 24, “Gallo Ronco” Marrero.

El matón señalaba entonces a su jefe que “el hombre (Bastidas) está en el bar Cachet”. En términos convenidos, recibió la orden de ejecutar al “sospechoso”.

Marrero entró entonces al bar Cachet, se acercó a Bastidas y empezó a ofenderlo. Sorprendido por esta agresión verbal, el joven periodista iba a replicar cuando el matón le entró a golpes.

Bastidas cayó al suelo.

Marrero sacó entonces su pistola y le disparó tres tiros en la cabeza antes de salir del lugar tal como había entrado, dejando a los presentes paralizados de miedo.

Poco después, los reporteros de Radio Reloj oyeron a “Gallo Ronco”, con su voz característica

- “Misión cumplida”, anunció fríamente el matón a su jefe.

“Era lógico que Piedra iba a proteger a Marrero”

Luego de este asesinato del joven periodista extranjero, de las protestas de su familia y de la representación diplomática ecuatoriana como de la comunidad del periodismo en La Habana y en el exterior, además de las repercusiones en la prensa internacional, el régimen presentó, unos días después, su versión distorsionada del crimen.

El cabo Orlando Marrero fue formalmente inculpado ante un tribunal militar.

“Hubo una farsa de juicio militar donde se estableció que el asesino cumplía órdenes de Pilar García, uno de los más sanguinarios jefes militares de la tiranía”, reporta Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno, quién investigo las circunstancias del caso.

La estratagema funcionó como estaba previsto. “Gallo Ronco” fue absuelto de toda sospecha.

Detrás de la farsa judicial, se encontraba el Coronel Orlando Piedra Negueruela.

“Se supo de la muerte de Bastidas pero generalmente de estos asesinatos, ni se hablaba. La prensa era completamente controlada. Por cierto, era lógico que Orlando Piedra iba a proteger a este Marrero…”, recuerda Alberto Zúñiga, un combatiente revolucionario que tuvo que sufrir en carne propia los abusos de tales personajes.

“Yo oí hablar de este Gallo Ronco”, cuenta. “Había mucho sicarios como él. Cada jefe tenía su cuadrilla de asesinos. Jefes como Pilar García, Esteban Ventura, Lutgardo Martín Pérez, Conrado Carratelá. Pero casi todos estos asesinos tenían que ver con el Buró de Piedra”.

Es que desde el 10 de marzo de 1952, cuando entra con Batista escoltado por una docena de perseguidoras de la policía de La Habana, al campamento de Columbia, Piedra no dejó de acumular puestos estratégicos en el aparato represivo de la dictadura.

Batista lo designa sucesivamente Jefe del Buró de Investigaciones - “una suerte de FBI nacional con poderes ilimitados”, dice Zúñiga - y del Servicio Secreto del Palacio Presidencial.

Piedra convertirá en campo de tortura al antiguo cartel del Quinto Distrito Militar, con alambradas electrificadas que daban al lugar el aspecto siniestro de los campos nazis. En las oscuras celdas de esa instalación, fueron mutilados hasta la muerte decenas de jóvenes revolucionarios - a menudo bajo los ojos del propio Piedra quién “disfrutaba”. Según testimonios, le daba placer presenciar las sesiones de torturas realizadas por sus esbirros.

En entrevista en su domicilio del Vedado, Zúñiga precisa como “el Buró de Investigaciones mantenía estrechas relaciones con el FBI”. Constantemente este departamento de la policía de la dictadura intercambiaba informaciones y oficiales norteamericanos se aparecían regularmente para “consultas” en estas oficinas de la policía batistiana.

De hecho, la CIA y el FBI penetraban todo el aparato policiaco de Batista, donde los más importantes jefes procedían de las fuerzas armadas, cuyos oficiales de mayor rango desfilaban por la tristemente célebre Escuela de las Américas, la academia militar del terror por cuyas aulas pasarón miles de dictadores, torturadores y asesinos de América Latina.

Con el escandaloso poder demostrado por los sucesivos embajadores norteamericanos y la omnipresencia activa en todas las esferas de la vida nacional, Piedra manejaba los órganos de la represión a nivel del país en constante consulta con sus “colegas” del Norte.

En estos años, el Buró de Investigaciones de Piedra tuvo a Mariano Faget Díaz de Segundo Jefe. Zúñiga, el viejo combatiente, señala cómo “un día, estando yo preso, después que me torturó a golpes, (Faget) buscaba cómo captarme. De repente me lanzó: “Mira, yo soy coronel del FBI”. Entonces sacó de su bolsillo una placa y un carné de la policía federal norteamericana y me aseguró que se encontraba “aquí en Cuba porque hay oficiales que son débiles y pueden ser captados por el comunismo internacional”.

“Faget me anunció que pronto vendría el vicepresidente norteamericano Richard Nixon, que se crearía un Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC) y que sería nombrado jefe de este cuerpo de policía”, lo que efectivamente ocurrió meses más tarde.

Conspirando con los asesinos de Kennedy

Refugiado en Miami, después de una breve estancia en la Republica Dominicana de Trujillo con Batista (al cual seguirá fiel hasta su muerte), Piedra se integrará a la Operación 40 organizada por la CIA paralelamente a la frustrada invasión de Playa Girón, con vista a realizar una masacre sistemática de los “castristas” en la Isla.

En su libro 1963: El Complot (Ocean Press), el ex jefe de la inteligencia cubana, el general retirado Fabián Escalante, señaló cómo Luis Posada Carriles y Guillermo Novo Sampoll, ahora ambos en Miami, así como Orlando Bosch, liberado el 20 de julio de 1990 por el presidente George Bush, aparecen en la lista establecida en Cuba de los sospechosos en el complot para asesinar al presidente norteamericano John F. Kennedy,

Escalante describió cómo en este mismo periodo, se reúnen con Orlando Piedra otros elementos terroristas vinculados a la CIA como Frank Sturgis, Howard Hunt, ‘Tony’ Cuesta, Eladio del Valle, Joaquín Sanjenis, Manuel Artime, Antonio Veciana.

El nombre de Piedra aparecerá en una libreta ocupada a Lee Harvey Oswald, responsabilizado por el FBI del asesinato de Kennedy. Por cierto, el interrogatorio del sospechoso cubano por la policía federal no dio resultado alguno.

Durante todos sus años como jefe de los servicios más estratégicos de la policía secreta batistiana, es él quien coordina personalmente las operaciones de monitoreo de las actividades revolucionarias en el exterior del país. Y lo hace en constante coordinación con la CIA y el FBI.

Cuando Fidel y sus hombres se encuentren en México, Piedra atiende personalmente la operación policíaca que vigila sus movimientos preparando la expedición del Granma, siempre con la cooperación de la inteligencia norteamericana.

¿De dónde vino la orden de asesinar a Carlos Bastidas en las últimas horas de su estancia en la Isla? Por qué se asumió en Cuba esta responsabilidad, a pesar de las repercusiones internacionales previsibles de tal crimen, cuando el joven reportero iba a abandonar la Isla? ¿A que intereses respondía primeramente la eliminación de un reportero conocido por su perspicacia y honestidad pero también por su simpatía activa hacia conocidos revolucionarios del continente?

¿Podía ser el crimen la iniciativa propia de un alto oficial de la policía batistiana o se hizo a sugerencia de quienes mantenían a Bastidas en su fichero latinoamericano? Después de Caracas y Santo Domingo, ¿no era La Habana el lugar idóneo para deshacerse de este periodista que molestaba, si se podía contar con la siempre buena disposición de Piedra y su aparato de muerte?

¡Cuántos secretos quedan escondidos en los archivos más secretos de los “servicios” imperiales que no se logran desclasificar, más de medio siglo después de los hechos!

En una interesante nota publicada con motivo del 50 aniversario del crimen contra el periodista y mártir ecuatoriano, el colega chileno Carmona, después de recordar los hechos, concluyó: “Carlos Bastidas Arguelle fue el último periodista asesinado en Cuba, pero su muerte nunca fue condenada por Reporteros Sin Fronteras y la Sociedad Interamericana de Prensa, como tampoco ocurre con la desaparición, torturas y asesinatos de casi un millar de periodistas latinoamericanos durante las últimas cuatro décadas”.

Bajo protección del Imperio

A pesar de las reclamaciones realizadas por el Gobierno cubano ante la Embajada estadounidense luego de la fuga de Orlando Piedra, Pilar García y Orlando Marrero Suarez y cientos de sus semejantes, todos recibieron refugio y protección de parte del Gobierno norteamericano.

El “Cabo No. 24″, Orlando J.E. Marrero Suarez alias “Gallo Ronco”, el ejecutor de Carlos Bastidas Argüello, el último periodista asesinado en Cuba, recibió refugio y protección del Gobierno norteamericano hasta su muerte en Miami, el 16 de mayo del 2004, con 85 años de edad.

Sicario de la cuadrilla personal de Pilar García, abandonó la Isla con destino a Miami, Estados Unidos, el día primero de enero de 1959, al derrumbarse el régimen dictatorial de Fulgencio Batista.

Días después fue señalado como “prófugo” por las autoridades revolucionarias al no aparecerse ante las nuevas autoridades, como fue ordenado a los oficiales batistianos.

En el momento de su muerte, el asesino residía en una casa de la 25th Street, en Miami. Contactados, miembros de su familia se negaron a contestar preguntas.

En cuanto a Pilar Garcia, murió en octubre de 1960 de un ataque del corazón, con 62 años de edad. Su familia se abstuvo de anunciar públicamente el fallecimiento.

La muerte de Orlando Piedra es, por lo menos, enigmática.

El 21 de junio de1999, un cable de UPI señalaba cómo desde el día anterior, la policía de Miami investigaba en qué circunstancias Orlando Piedra, entonces con 81 años de edad, se había caído de su cama mientras se encontraba ingresado en el Waterford Convalescent Center, en Hialeah Gardens.

Piedra fue entonces llevado al Hospital General Palmetto con fracturas en la nariz y huesos de la cara, y laceraciones. Miembros del personal médico aseguraban que sus heridas habían sido causadas por golpes, mientras su esposa atribuyó el incidente a una posible venganza, al recordar el pasado de su marido.

Orlando Eleno Piedra Negueruela, ex jefe del criminal aparato de represión de Fulgencio Batista, responsable de la tortura y de la muerte de cientos de jóvenes combatientes revolucionarios, murió el 12 de julio. Su deceso fue anunciado una semana más tarde, en 10 líneas, por la prensa local. No hubo seguimiento a la investigación.

CORRUPCIÓN: TOLERANCIA CERO

Jorge Gómez Barata

En una sociedad como la cubana en la cual la estabilidad del sistema político y la gobernabilidad dependen de la cohesión social y política y estas a su vez, se asocian a un discurso ideológico fundado en la igualdad, la corrupción recuerda a una cuña que divide y debilita a un cuerpo necesitado de la unidad.

Un pueblo cuyas masas y élites han vivido durante cincuenta años bajo reglas auto impuestas de austeridad virtualmente monásticas, adoptando estilos de vida basados en acéticos niveles de consumo y de confort, no puede aceptar que elementos inescrupulosos, valiéndose precisamente de los cargos y de las funciones de servicio asignadas por la Revolución, disfruten de privilegios que en otros entornos pueden ser normales pero que aquí resultan irritantes.

Paradójicamente, lo realmente peligroso de la corrupción para el proceso político y el proyecto social cubano no es el rechazo social sino la aceptación que conlleva a un deterioro y a un desmentido de los valores revolucionarios, socialistas y éticos en los cuales se han educado varias generaciones que hicieron del desinterés y de la capacidad de prescindir, una especie de código moral no escrito aunque ejemplarmente practicado.

A diferencia de otros países, donde la corrupción es un fenómeno que afecta exclusivamente a las cúpulas y a la clase política, a empresarios a cargo del sector público y a funcionarios de la administración estatal e incluso a elementos de la empresa privada, en Cuba ese fenómeno, camuflado en una deficiente administración es más bien horizontal.

La naturaleza estatal de la economía, la producción, los servicios y la gestión social en Cuba obligan a confiar la utilización y la custodia de voluminosos recursos materiales y financieros a miles de administradores y funcionarios que, padeciendo al igual que los trabajadores, carencias materiales, manejan con honradez bienes y dinero de propiedad y destino social.

Si bien durante décadas, sostenido por la vigencia de firmes convicciones políticas y morales, el ejemplo personal de los líderes y a la creencia en preceptos y valores asociados a la experiencia socialista, el sistema funcionó de modo razonablemente pulcro, no impidió que se introdujeran prácticas negativas, entre ellas la costumbre de que los trabajadores y los funcionarios de todos los rangos, resolvieran sus necesidades materiales con recursos de los centros de trabajo.

Aquel fenómeno, convertido en habitual para millones de personas, dio lugar a una extendida práctica, que usando un juego de palabras, se llamó “sociolismo”, consistente en que sobre bases de amistad y compañerismo, los trabajadores resolvían sus problemas a cuenta de los recursos de sus centros de trabajo. Uno de los críticos de ese fenómeno, desde hace cuarenta años ha sido el actual presidente Raúl Castro.

El paso del tiempo, el relevo generacional, la construcción de proyectos de vida individuales basados en parámetros que el proyecto colectivo no puede satisfacer, las expectativas no cumplidas y sobre todo las confusiones asociadas a la crisis del socialismo real, golpearon seriamente los referentes teóricos y los paradigmas ideológicos en los que se asentaban los presupuestos básicos del proyecto socialista y dieron lugar a mutaciones en la mentalidad y el comportamiento de muchos individuos.

En los años noventa, la entrada del capital extranjero, el turismo, la liberalización de las remesas, la despenalización de la tenencia de divisas, la autorización del trabajo por cuenta propia y el hecho de que miles de trabajadores y cuadros revolucionarios se involucraran en actividades vinculadas a empresas mixtas, asociaciones con capital extranjero, contratación de suministros y ventas y otros procesos análogos, si bien permitieron sortear la crisis y salvar el proyecto socialista y sus más preciadas conquistas, no impidieron que se entronizaran desigualdades y contradicciones que crearon un plano inclinado.

La crisis económica que colocó a los cubanos ante el dilema de luchar la subsistencia, fenómeno hasta ese momento desconocido para buena parte de la sociedad, conllevó al debilitamiento de referentes ideológicos, que si bien no quebrantaron la conciencia política de las mayorías, introdujeron vicios en el manejo de los recursos estatales y lesionaron las defensas de un sistema de gestión económica que, en gran medida se asienta en relaciones de confianza y en la probidad de directivos y trabajadores.

El dilema que actualmente confrontan las autoridades cubanas es cómo lidiar con un fenómeno que involucra a millones de personas, incluyendo a trabajadores, administradores y directivos, que amenaza a las altas esferas y puede alcanzar a los órganos encargados de detectarlos y reprimirlos. No se trata como en el pasado de individualizar y sancionar a algún funcionario corrupto o a un mal administrador, sino de descontaminar la gestión económica de fenómenos masivos de desvío de recursos con fines de uso particular y fines de lucro.

Resulta obvio que en la lucha contra la corrupción es imposible establecer un orden de precedencias y esperar hasta que el salario y los ingresos legítimos de trabajadores y directivos se estabilicen y funcionen como regulador espontaneo para luego ordenar la administración, ni tratar de contener el fenómeno con campañas moralizadoras o cediendo a la tentación de la represión o a los excesos de control y fiscalización.

Aunque no existen recetas para atajar el fenómeno, es preciso apoyar a la dirección revolucionaria y cada cual, en el lugar que ocupa, evitar que el fenómeno prospere. La idea de “Tolerancia Cero” no es una alternativa represiva sino una opción social que puede combinar todos los factores para frenar la corrupción, evitar que se extienda y se ramifique y luego hacerla retroceder; cosa que también es un asunto de seguridad nacional; sin dramatizar, de vida o muerte.

La Habana, 12 de mayo de 2010

EL SALVADOR-CUBA

EN EL MARCO DEL 115 ANIVERSARIO DE LA CAIDA EN COMBATE DE JOSE MARTI, DEL PROCER UNIVERSAL


LA COORDINADORA SALVADOREÑA CONVOCA AL PUEBLO SALVADOREO A LA CONMEMORACION DE LA CAIDA EN COMBATE DE JOSE MARTI


PLAZA JOSE MARTI 4:30

MIERCOLES 19 DE MAYO

Frente al monumento del

APOSTOL MARTI

(RENDONDEL DON RUA)


¡¡¡ CUBA NO ESTA SOLA!!!


“Quien se levanta con Cuba se levanta para todos los tiempos”


¡Abajo la campaña mediática contra Cuba!